«Hermanos y hermanas, el primer cuidado del que tenemos necesidad en la enfermedad es el de una cercanía llena de compasión y de ternura. Por eso, cuidar al enfermo significa, ante todo, cuidar sus relaciones, todas sus relaciones; con Dios, con los demás —familiares, amigos, personal sanitario—, con la creación y consigo mismo. ¿Es esto posible? Claro que es posible, y todos estamos llamados a comprometernos para que sea así. Fijémonos en la imagen del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37), en su capacidad para aminorar el paso y hacerse prójimo, en la actitud de ternura con que alivia las heridas del hermano que sufre» (Papa Francisco)

Gracias a los hermanos en la fe, en nuestra parroquia San Pablo, que hacen de la pastoral de salud el escenario donde se cumple el mandato de Jesucristo de visitar, acoger, hacer sonreír y dar esperanza a nuestros enfermos en sus casas, en la sala o habitación y llevar el regalo más grande a Jesús mismo eucaristía, junto a quienes el amor le hace cuidarlos.

«A ustedes que padecen una enfermedad, temporal o crónica, me gustaría decirles: ¡no se avergüencen de su deseo de cercanía y ternura! No lo oculten y no piensen nunca que son una carga para los demás. La condición de los enfermos nos invita a todos a frenar los ritmos exasperados en los que estamos inmersos y a redescubrirnos a nosotros mismos». (Papa Francisco)
