Los ornamentos litúrgicos que ya no se usan pueden conservarse en un museo de arte religioso católico, siempre que se los trate como bienes eclesiásticos y testimonios de la fe y de la liturgia, no simplemente como objetos decorativos.
Para los bienes cuyo uso propio ha cesado, la Santa Sede recomienda su conservación adecuada en museos de la Iglesia o en otros lugares apropiados.

Como criterio pastoral, conviene proceder así:

Verificar primero si aún pueden servir al culto. Si están en condiciones dignas de uso y otra iglesia los necesita, debe considerarse su reutilización antes de destinarlos al museo.

Las orientaciones eclesiales recomiendan dar continuidad a su uso en otras iglesias, incluso como gesto de solidaridad con comunidades necesitadas.

Documentar su procedencia e historia. Para las piezas de especial importancia que se retiren de su uso original, se recomienda documentarlas y conservarlas en museo de arte religioso de nuestra parroquia San Pablo, para mantener su memoria y su función eclesial.

Asegurar custodia y conservación adecuadas. El museo se protegerá del deterioro, el robo y la manipulación indebida.

La custodia y cura del museo puede preservar los objetos, aunque al separarlos de su contexto original se pierde parte de su significado; por eso la exposición debería explicar su función litúrgica y su relación con la vida de la comunidad.

