Toda esta es su obra de toda la comunidad con nombre propio, el campo de la parte urbana de cada comunidad eclesial misionera que peregrina en nuestra parroquia San Pablo, de los peregrinos que por más de 355 años nos acompañan en peregrinaje.

¿Por qué se usa el mármol en los presbiterios?


El mármol, como piedra natural noble y duradera, se emplea en los presbiterios (el área del santuario reservada al clero y centrada en el altar) principalmente por su simbolismo cristológico, su durabilidad práctica y su tradición litúrgica, que enfatiza la dignidad y la belleza en los espacios sagrados.

Simbolismo del altar y el santuario


El presbiterio, conocido históricamente como el espacio elevado y separado del resto de la iglesia, alberga el altar, que simboliza a Cristo como «la piedra viva» (1 Pd 2,4).
La piedra, y en particular el mármol, evoca esta imagen bíblica: «la roca era Cristo» (1 Cor 10,4), representando la solidez de la fe y el sepulcro de Cristo.


«La mesa de un altar fijo ha de ser de piedra y, en efecto, de piedra natural. […] La piedra es sólida y se encuentra en todas partes.»
En las tradiciones orientales, el «Santo Mesa» (altar) en el centro del santuario simboliza el trono de Dios y la mesa de la Cena Mística, consagrado con óleo santo.

Tradición y materiales preferidos


Desde la antigüedad, la piedra reemplazó a la madera o metales por su resistencia al deterioro, convirtiéndose en el material ordinario para altares consagrados.
El Concilio de Epaon (517) ya prescribía piedra para la consagración, y la disciplina actual lo mantiene para altares fijos.
El mármol, como piedra natural pulida, se usa en losas y estructuras, como en los altares de mármol en catacumbas o basílicas.


En el santuario, los materiales deben ser nobles, sólidos y aptos para el uso sagrado, admitiendo piedra entre otros para promover la «noble simplicidad» y la instrucción de los fieles.

Belleza y dignidad del espacio litúrgico


El mármol ennoblece el presbiterio, contribuyendo a la ornamentación digna del altar y el santuario, que debe ser el centro de atención de la asamblea.

San Juan Pablo II alabó el mármol en la fachada de la Basílica de San Pedro por «ennoblecer la materia» e imprimir el sello del espíritu humano en el templo de Dios.
Aunque las normas se centran en el altar, se extienden a los ornamentos del presbiterio para asegurar dignidad.


En resumen, el mármol une tradición, simbolismo y estética en el presbiterio, haciendo presente el misterio eucarístico de manera perdurable y reverente.

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