Se inicia con un momento parangonando pruebas de estado y cómo ellas, en cierta forma, reflejan los acontecimientos de la vida que ahora y siempre tendrán que enfrentar desde los valores y principios adquiridos y vividos.

Impacto Buenos días Olvídense por un momento de las notas del colegio, de las tareas pendientes y del uniforme. Hoy vengo a hablarles de un número. Un número de tres dígitos que, les guste o no, el próximo año va a decidir si entran a la carrera que sueñan o si les toca ver cómo otros ocupan ese lugar. A la prueba Saber 11 le quedan muy pocos días. Y la realidad es fría: el examen no evalúa qué tan buenas personas son, ni cuántas noches pasaron sin dormir memorizando cuadernos.
Déjenme aterrizarlos: la suerte no lee textos de tres páginas de lectura crítica. La suerte no resuelve problemas de física cuantitativa. Hoy no vine a decirles que ‘todo va a salir bien’ solo por arte de magia. Vine a confrontarlos con sus propias acciones. Miren a su alrededor. Las personas que están a su izquierda y a su derecha compiten por los mismos cupos universitarios y las mismas becas que ustedes quieren.

Muy pronto, el colegio pasará a ser un recuerdo y se van a encontrar de frente con el mundo real. Un mundo que no les va a preguntar de qué colegio salieron, sino qué están dispuestos a hacer con su talento. Hoy empezamos este taller hablando de un número y confrontando la realidad. Pero quiero que entiendan algo vital: el ICFES no es el destino final. El ICFES es solo una herramienta, un trampolín. No define quiénes son ustedes, ni mide su inteligencia humana, ni su valor como personas.

Pero las puertas que se abren cuando uno decide tomarse su futuro en serio duran para siempre.
Reflexión final del encuentro
Caminante no hay…
Antonio Machado y su esposa Leonor Izquierdo
Antonio Machado escribió este célebre fragmento (perteneciente a la serie Proverbios y cantares de su obra “Campos de Castilla” publicada en parecer semanas después de la muerte de su esposa 1912) motivado por una profunda reflexión filosófica sobre el paso del tiempo, la libertad humana y la imposibilidad de repetir o borrar el pasado.

El fallecimiento de su joven esposa, Leonor Izquierdo, quien murió de tuberculosis (destrucción progresiva del tejido pulmonar, lo que lleva a una insuficiencia respiratoria severa, asfixia lenta, sangrados masivos en los pulmones o una falla multisistémica por infección generalizada) el 1 de agosto de 1912 a los 18 años de edad, sumió al poeta ya de 37 años, en una profunda crisis y dolor existencial que inspiró la dolorosa noción de avanzar sin un mapa predeterminado en la vida.

Caminante no hay camino
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio Machado: «Poema XXIX», en Proverbios y Cantares
¡Y si, Jesús es el Camino¡.

Unir esas dos frases en un proyecto de vida consiste en una idea clave: Jesús no es sólo “un guía” que muestra el camino; es el Camino mismo, la Verdad y la Vida.

Por eso, “se hace camino al andar” no significa improvisar sin rumbo, sino caminar a Cristo en el tiempo real de la vida, aprendiendo, corrigiendo y avanzando hacia Él y con Él.
Él es “Camino” y también “Destino”: el camino no está separado de la meta; está unido a ella.
En esa unidad, Cristo “lleva” a lo que más desea el ser humano: verdad (para conocer) y vida (para existir con plenitud).

Con otras palabras: tu proyecto de vida no busca sólo “resultados”, sino una forma de unión con Cristo que llega al Padre.
“Con caminante no hay camino”: se hace camino al andar, pero Cristo ya es el Camino. La frase popular “se hace camino al andar” puede entenderse como creatividad humana “a ciegas”. Pero un cristiano la lee de forma distinta:

• Como Cristo es el Camino, el “camino” concreto de tu jornada se va construyendo cuando adhieres a Él y caminas en Él.
• Además, el progreso cristiano no depende de que nunca te falte firmeza: “mejor es ir cojeando por el camino que ir caminando rápido fuera de él”. Es decir, importa la dirección verdadera, no la velocidad aparente.

Entonces, tu proyecto de vida integra ambas frases así:
• La dirección y la meta: Cristo (Camino–Verdad–Vida).
• El trayecto histórico: se va haciendo “al andar”, mediante hábitos, decisiones diarias, correcciones y formación.
Un “proyecto de vida” en cuatro ejes (practicidad con alma)

1) Dirección (Camino): elegir a Cristo como centro real
El proyecto no empieza por “qué logro”, sino por “a quién sigo”. Esto encaja con la idea de la vocación: la vida tiene una estructura vocacional y el plan no es inventarte, sino descubrir tu vida en la luz de Dios y orientarla.
Además, la fe entiende el “plan” como algo que se vuelve “vocación” cuando entra en relación viva con Cristo y se formula en oración y discernimiento.
Práctica: Tu camino se construye con fidelidad humilde, no con fogonazos.

2) Verdad: aprender a juzgar con el Evangelio (no sólo con impulsos), por eso, “caminar” incluye aprender a pensar y elegir según la Verdad que es Él.
Práctica: Sin perfeccionismo: el objetivo es volver.
3) Vida: alimentar el deseo de plenitud
Como Cristo es Vida, tu proyecto no se centra sólo en “cumplir”, sino en vivir: crecer por dentro, sostenerte cuando cae la motivación y volver al Señor.

Práctica: integra “vida” y caridad: no basta con teoría; se hace vida cuando se persevera aun con límites.
4) Caminar en el tiempo: entrenamiento diario
Una imagen muy clara: en la vida no hay cursos que reemplazan el aprendizaje del caminar; se aprende andando, entrenándose, levantándose cuando se cae.
Práctica: fija un “ritmo” realista. Si fallas un día, el plan incluye el “volver” (no el abandono).
La clave final: tu proyecto se hace “vocación” cuando se escucha a Dios en circunstancias reales.
Esto se aplica especialmente en etapas como la adolescencia y juventud, donde se discierne la vocación con una maduración progresiva.

Conclusión en forma de síntesis:
• “Jesús es Camino, Verdad y Vida” = tu proyecto tiene meta y dirección: seguir a Cristo y llegar al Padre por Él.
• “Con caminante no hay camino” = tu vida concreta se va haciendo en decisiones diarias: entrenar, corregir, levantarse y avanzar, manteniendo siempre la dirección correcta hacia Cristo.

