En el dia de ayer 10 de julio con ese carácter solidario que identifica la Juventud de por si el movimiento juvenil parroquial «Carlo Acutis» en accion pastoral social Dios les bendiga.

La pastoral social anima la pastoral juvenil cuando la convierte en un camino de encuentro, testimonio y misión, donde la fe se vuelve visible en la caridad, y la juventud participa como protagonista y corresponsable de la vida eclesial y social.

El se grabó solo en su cuarto y dijo eso. Después de su muerte la mamá encontró el video en el computador del su hijo (Película «El Cielo no Espera»)

La pastoral social como “motor” de evangelización juvenil

En Christus vivit, el Papa Francisco subraya que la pastoral juvenil no puede quedarse en programas “ya hechos” que no responden a los problemas reales de los jóvenes; hace falta que toda la comunidad se implique y que los jóvenes tengan un rol mayor en la salida pastoral.

La pastoral social (obras de misericordia y compromiso por la justicia) encaja aquí porque:

• toma en serio la realidad concreta que vive la juventud (pobreza, violencia, exclusión, migración, etc.); y
• hace posible la participación activa de los jóvenes en la misión de la Iglesia.
• “Concreta” la fe: de la escucha al envío

Un punto clave del marco pastoral juvenil es que la evangelización con jóvenes incluye un proceso: escuchar, enseñar y enviar (con acompañamiento y formación) para que los jóvenes se vuelvan agentes de transformación.

La pastoral social ayuda especialmente en el “enviar” (misión) porque conecta directamente con:

• la caridad (atender necesidades inmediatas) y
• la justicia social (atender causas más profundas y estructurales), en obras y proyectos donde el Evangelio se vuelve vida.

Además, se recuerda que los jóvenes no solo son “destinatarios”, sino agentes: se les debe dejar espacio para creatividad y audacia, y se les orienta para que usen sus dones para responder a las necesidades de otros jóvenes “en su propio lenguaje”.

Hace la pastoral juvenil más sinodal y corresponsable

Si la pastoral social se organiza bien, fortalece el carácter sinodal de la pastoral juvenil: “caminar juntos”, valorando los carismas y promoviendo una corresponsabilidad real, sin excluir a nadie.

Esto se ve en la práctica cuando:
• la comunidad (familias, agentes pastorales, movimientos, etc.) crea coordinación y comunión;
• se promueve que “nadie quede fuera” ni el joven se excluya;
• se reconoce que el Espíritu obra también a través de iniciativas juveniles.

Mantiene el rumbo: la dimensión social no reemplaza el objetivo principal

Un riesgo frecuente es confundir pastoral social con “activismo” o con reducir la evangelización a propaganda social. Por eso es importante la advertencia: el aspecto social no debe hacer olvidar el objetivo primero, que es conducir a los jóvenes al Cristo y hacerles entrar en su intimidad para vivir de su vida y construir una sociedad más fraterna.

Por eso, la pastoral social anima más cuando va unida a:

• formación sólida y
• oración y vida sacramental, para que el compromiso no sea solo humano, sino también profundamente cristiano.

También se insiste en que, aunque los jóvenes son llamados a un compromiso por la justicia y la paz, la Iglesia no debe volverse un “color” o emblema político: la pastoral juvenil conserva su identidad apostólica.

La pastoral juvenil se fortalece cuando:

• crea grupos donde el joven sea reconocido y amado (porque el amor sostiene el crecimiento);
• ofrece presencia educativa y acompañamiento (adultos que caminan con ellos);
• y combina tiempos fuertes (encuentro y “vivir juntos”) con actividades regulares que estructuren su vida y su fe.

En este marco, la pastoral social funciona como “tiempo fuerte” y también como escuela cotidiana: proyectos de acompañamiento a familias, visitas, voluntariados, acciones solidarias y otros, donde el joven aprende a servir y, al mismo tiempo, a discernir su vocación y misión.

Carlo no solo amaba a Jesús en la Eucaristía, también lo reconocía en el rostro de los más necesitados

La pastoral social anima la pastoral juvenil, de nuestro movimiento «Carlo Acutis», cuando integra caridad y justicia en un proceso sinodal de acompañamiento, donde los jóvenes son protagonistas, se responde a la realidad concreta que viven y todo desemboca en el objetivo esencial: llevarlos al encuentro vivo con Cristo, sin reducir la Iglesia a una agenda política.

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