Vivir la liturgia de la Iglesia en la acción de la Pastoral de la Salud

Formación y oración antes que la acción
La Pastoral de la Salud no es una actividad paralela a la liturgia. Nace de ella, se alimenta de ella y conduce nuevamente a ella. En el enfermo, la Iglesia reconoce a Cristo sufriente y resucitado, y mediante la cercanía, la escucha, la oración y los sacramentos hace presente su acción salvadora.

1. La liturgia continúa la misión de Cristo

Jesús es el médico del cuerpo y del espíritu. Por eso, la atención pastoral al enfermo debe expresar cercanía, presencia, escucha, diálogo y ayuda concreta, especialmente cuando la enfermedad pone a prueba la fe en Dios y en la vida. Estas actitudes encuentran su expresión más profunda en las celebraciones sacramentales con y para los enfermos.

Visitar a un enfermo, acompañarlo en su soledad, ayudar a su familia y defender su dignidad son acciones profundamente litúrgicas cuando hacen visible la compasión de Cristo que realiza el grupo de pastoral de la Salud de nuestra parroquia San Pablo. La liturgia no termina en el templo o la capilla de nuestra Señora de Belén: se prolonga en la caridad concreta y en el servicio al hermano vulnerable.

2. El enfermo no es solamente destinatario, sino sujeto activo
La Iglesia no considera al enfermo únicamente como alguien que recibe ayuda. También lo reconoce como participante activo en la evangelización y en la edificación del Reino de Dios. Unido a Cristo sufriente, puede ofrecer su oración, su enfermedad y sus padecimientos por la Iglesia y por el mundo.

Por eso, la visita pastoral no debe reducirse a “llevar algo” al enfermo. Es necesario ayudarlo a descubrir que sigue teniendo una vocación, una misión y un lugar en la comunidad cristiana. Su oración puede ser una verdadera ofrenda; su paciencia, una forma de testimonio; y su esperanza, un anuncio del Resucitado.

3. La celebración sacramental como centro de la pastoral
El acompañamiento pastoral prepara y dispone para el encuentro sacramental. La Reconciliación y la Unción de los Enfermos son sacramentos de curación, y alcanzan su culminación en la Eucaristía, especialmente recibida como Viático, alimento para el tránsito hacia la vida eterna.

4. La Eucaristía impulsa el servicio
La Eucaristía forma a la comunidad para hacerse “pan partido” para los demás. De ella la Pastoral de la Salud recibe la fuerza espiritual para servir eficazmente, acompañar al que sufre y ayudarle a comprender el valor cristiano de su sufrimiento.

5. Una espiritualidad pascual del sufrimiento
La Pastoral de la Salud no anuncia un sufrimiento buscado ni glorifica el dolor por sí mismo. Anuncia a Cristo crucificado y resucitado, que acompaña al enfermo, sostiene su esperanza y puede transformar su sufrimiento en una participación en su amor redentor.

La fe cristiana permite unir la enfermedad a la pasión de Cristo sin negar el deseo legítimo de recuperar la salud. La Iglesia ora por la curación y, al mismo tiempo, confía el resultado a la voluntad amorosa de Dios.
Por eso, toda acción pastoral debe evitar dos extremos:
• considerar la enfermedad como castigo de Dios;
• prometer curaciones automáticas o presentar la fe como garantía de sanación física.

La esperanza cristiana incluye la curación cuando Dios la concede, pero siempre conduce hacia la salvación integral y la vida eterna.
6. Criterios para una Pastoral de la Salud verdaderamente litúrgica
Una comunidad parroquial puede vivir esta misión mediante algunas acciones concretas:

• Formar equipos en escucha, oración, doctrina sacramental y respeto por la dignidad humana.
• Visitar periódicamente a los enfermos, no solamente cuando solicitan un sacramento.
• Llevar la Comunión con espíritu litúrgico y periódicamente celebrar la eucaristía en la casa del enfermo como se ha hecho por más de dos años en nuestra parroquia San Pablo, vinculando al enfermo con la Eucaristía dominical de la comunidad.
• Orar por los enfermos en la liturgia parroquial, haciéndolos presentes en la intercesión de toda la Iglesia.
• La formación de sacerdotes y desde los sacerdotes para, los agentes pastorales y personal sanitario es esencial para que el cuidado favorezca el encuentro del enfermo con Cristo, Señor de la vida.

Vivir la liturgia en la Pastoral de la Salud significa llevar al enfermo la presencia compasiva de Cristo y conducirlo, junto con su familia, al misterio pascual. La comunidad celebra, acompaña, escucha, unge, alimenta con la Eucaristía y sostiene en la esperanza.
