Las siete palabras de Cristo en la cruz fueron recopiladas y analizadas en detalle por vez primera por el monje cisterciense Arnaud de Bonneval (+1156) en el siglo XII.
Las Siete Palabras
Seminarista Juan Diego Peña
Pbro. José Miguel García Acevedo
Monseñor Luis Ernesto Mendoza Suárez
Padre José Alberto Villamizar Maldonado
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». …
«De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso». …
«¡Mujer, ahí tienes a tu hijo! …
«¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». …
«Tengo sed». …
«Todo está cumplido». …
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
¡Qué contraste con la Virgen!, la única mujer que no se dejó abatir por el desaliento, que no dudo. ¡Bendita sea la Madre de Dios! ¡Ella se mantuvo firme! cuanto dolor en esa «PIETÁ»
¿Qué quiere decir la Pieta?
Se conoce con el nombre italiano de Pietà (‘Piedad’) a un tema muy popular dentro de las artes figurativas, especialmente durante el Renacimiento. Se conoce con el nombre de pietà o piedad una obra de arte que representa a la Virgen María, madre sosteniendo el cuerpo muerto de Jesucristo.

El Sábado Santo rememora especialmente a María tras la pérdida de su hijo, por lo que es un día de dolor y tristeza, destinado al silencio, luto, y reflexión, así como lo hicieron en el sepulcro María y los discípulos. Durante esta jornada, la comunidad cristiana vela junto al sepulcro en silencio.

Hoy, 30 de marzo, es Sábado Santo, el día de la espera. El cuerpo inerte de Jesús ha sido colocado en el sepulcro y, no muy lejos de allí, María permanece en oración, acompañando a la Iglesia.




En el año 2010, el Papa Benedicto XVI se refería al Sábado Santo como “el día del ocultamiento de Dios” al comentar un antiguo texto de la tradición sobre las horas posteriores a la muerte del Reconciliador. Decía el Papa: «El Sábado Santo es el día del ocultamiento de Dios, como se lee en una antigua homilía [cuyo autor se desconoce]: “¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad, porque el Rey duerme (…) Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción a los infiernos” (Homilía sobre el Sábado Santo: PG 43, 439)».



María, Madre de la esperanza, nos enseña a confiar. La Virgen ha sido toda su vida “Madre de la espera paciente», y hoy no será la excepción. No hay duda de que su dolor es “inmenso como el mar”, como canta un antiguo poema, pero tampoco hay espacio para dudar sobre su fe: la Virgen mantuvo viva la llama de la confianza en medio de la tempestad.










