ROMANCERO
DE LA VÍA DOLOROSA
Fr’ Asinello (el hermano burrito) seudónimo del sacerdote, poeta y escritor don Benjamín Sánchez Espinoza.


1ª Estación.
JESÚS ES CONDENADO A
MUERTE
Y no respondió a ninguna
acusación.
(Mt. 27,14)
Te condenaron a muerte
tu silencio y mi silencio.
Las gargantas en tumulto
ante el Pretor somnoliento,
lapidaron con sus gritos
el mármol de tu silencio.
Tu mutismo era una estatua
de blancura y de misterio…
“¡Habla, Jesús, que te matan!
Arropada en tu silencio
la muerte viene volando
entre graznidos de cuervos.
¡Habla, Señor, tu palabra,
como un huracán de fuego,
salga de tu boca
y queme lo falso de los denuestos!
¿Por qué te quedas callado
si eres el Divino Verbo…?”
La boca de Dios
quedó baldía como el desierto.
Lo condenaron a muerte
su silencio y mi silencio.
Escupieron las gargantas
alaridos a mi miedo.
Al oleaje de gritos
debí levantar mi pecho
-dique de amor y diamante contra
el torrente protervo.
Pero fui arena medrosa
que no supo defenderlo.
Debí gritarles:
“¡Judíos, yo soy,
yo soy el perverso;
a mí la hiel, las espinas,
a mí la cruz y el flagelo!”,
pero se anudó a mi voz
la vil serpiente del miedo.
¡Pastores, por cobardía
me mataron mi Cordero:
fue más fuerte que mi amor
el ladrido de los perros…!
Lo condenaron a muerte
su silencio y mi silencio
: uno, silencio de amor;
otro, silencio de miedo.



2ª Estación.
JESÚS SE ABRAZA CON LA CRUZ
Levántate, Amiga mía, hermosa
mía, y ven.
(Cant. 2,13)
…
¡divino traje de bodas
en el abrazo supremo!
Ven a mis brazos, Amada,
la de los brazos abiertos.
Bajo la noche del odio
iremos por el sendero
relampagueante de gritos
y enraizado de tropiezos:
¡que el amor siempre camina
por sendas de sufrimiento!
Cuando estemos en la cumbre
unidos los dos y quietos,
en holocausto humeante,
transverberados de fuego,
una nueva epifanía
alumbrará tierra y cielo.
Serás llamada Señora
y Madre de muchos pueblos.
Vendrán a ti con sus dones
los reyes del mundo entero.
Con tus brazos extendidos
serás rosa de los vientos
que conduzca caminantes
a mi Corazón abierto.
Los que a Mí quieran venir
tendrán que amarte primero…
Salgamos ya, Bienamada,
la de los brazos abiertos.





