La escena de la tumba vacía no es sólo un “reportaje” de hechos: es una escuela de fe. La Resurrección inaugura una nueva creación, expulsa la oscuridad de la duda y confía el primer anuncio a testigos —especialmente a María Magdalena— que pasan de la confusión al encuentro con Cristo vivo.

1) Las “carreras” de Juan y Pedro: lo anecdótico que revela lo profundo
a) “Salir” de sí mismo: la urgencia del amor

A Juan y Pedro el Evangelio los muestra actuando con rapidez, a partir de la tradición patrística, esto no es meramente físico, es como si quienes desean comprender los misterios de Cristo tuvieran que “salir” de su modo de vida “carnal” y quedarse disponibles para la verdad.
A nivel “anecdótico”, imagina el contraste: Pedro y “el otro discípulo” salen de un lugar de miedo y vuelven hacia la tumba. No esperan explicaciones cómodas; corren. En clave espiritual: el amor empuja antes que la razón cerrada. Aquino insiste además en que “correr” es símbolo del deseo por la obediencia y el premio.

b) Juan llega primero, pero no “entra”: mirar sin encerrarse
Lo más llamativo es que el discípulo amado llega primero a la tumba, pero se detiene a mirar desde fuera.

El texto se fija en detalles mínimos justamente porque significan algo: el llegar primero puede corresponder a una cierta “prioridad” en el modo de acercarse al misterio, pero todavía falta un paso decisivo. Por eso Juan ve las vendas, pero no entra del todo en el interior.
En un sentido más espiritual, Juan representa un primer acceso a los signos; Pedro —más “fervoroso” en temperamento según la tradición recogida— da el paso de entrar.

c) Pedro entra y ve el signo: vendas + sudario “aparte”
Cuando por fin Pedro entra, se fija en lo que el Evangelio menciona: los lienzos están en su sitio, y el sudario (la pieza de la cabeza) no está junto a ellos, sino en lugar aparte.
Aquí la tradición no lo trata como un dato decorativo. Es un argumento implícito contra la hipótesis del robo desordenado: si el cuerpo se hubiera movido “como pudiera”, no habría ese orden cuidadoso en los lienzos. La lectura patrística lo explica como “circunstancias” que son prueba de la Resurrección, no de un simple traslado.

d) “Vio y creyó” … pero todavía no por la Escritura
El discípulo amado termina entrando. Sin embargo, Se evita triunfalismos rápidos: Aún no reconocían en las Escrituras, que él debía resucitar.

La fe nace, pero todavía está en camino. Hay una progresión: primero el shock y el signo; después la interpretación verdadera. El relato prepara el terreno para que la Escritura (y el encuentro con el Resucitado) terminen de encender una fe madura.
e) Una lectura “mística”: dos pueblos que corren hacia el sepulcro

Se cita en la tradición muy posterior una lectura alegórica atribuida a Gregorio: “el otro discípulo” (más joven) puede representar a la Iglesia que llega desde el mundo gentil, y Pedro a la Iglesia más antigua; o al menos se establecen paralelos entre tiempos, disposiciones y comprensión. En esa clave, el “correr” significa que ambos “pueblos” avanzan simultáneamente hacia la misma verdad, aunque no con la misma rapidez de comprensión.
2) La teología de la tumba abierta: “nuevo día”, nueva creación, luz tras la oscuridad

a) “El primer día de la semana” como inicio de una nueva creación
Juan sitúa el acontecimiento en “el primer día de la semana”. “primer día de la semana”, porque se trata de un misterio: ese día es el comienzo de una nueva creación.
Incluso añade que este día “comienza el día de la eternidad”, sin noche interrumpiendo.
b) “Todavía oscuro”: el estado interior de quien busca
María Magdalena va “cuando era todavía oscuro”. Aquino lo conecta con el estado del corazón: hay “oscuridad” no sólo física, sino de duda.
De forma muy realista: María no llega a la tumba como alguien que ya sabe. Llega con amor, pero con un pensamiento inicial que parece plausible: cree que han robado el cuerpo.
c) La piedra “tomada” para que el mundo vea que Cristo no está allí
Aquino también argumenta por qué se “quita” la piedra: para que se vea que el cuerpo no está, y así sea más fácil creer en la Resurrección.
3) María Magdalena y su anuncio: del “han tomado al Señor” al “he visto al Señor”
a) Tres movimientos: amor → confusión → testimonio

Según la tradición recogida en estos comentarios:
Va temprano “cuando aún estaba oscuro”, ve que falta el cuerpo y corre a avisar.
Su primera hipótesis es la del robo y no sabe dónde lo han puesto.
Luego, su itinerario desemboca en el encuentro con Cristo vivo y en un anuncio auténtico, no imaginado.

El Papa Francisco, al comentar el pasaje, insiste en que los Evangelios presentan a María como una persona que no se deja llevar por entusiasmos fáciles: vuelve “porque no estaba convencida”, sufre doblemente (por la muerte y por la desaparición). Precisamente por eso su testimonio tiene peso: no nace de una fantasía, nace de una búsqueda real que se encuentra con el Resucitado.
b) Primera testigo: “apóstol de los apóstoles”
Juan Pablo II resume de modo teológico el lugar de María Magdalena en el misterio pascual: ella es la primera en ver al Resucitado, y por eso también es la primera en anunciar esa verdad a los Apóstoles.

Además, la Santa Sede indica que la Iglesia la ha tenido siempre como “primera testigo” y “primer evangelista”, y que por esto su memoria pasó a rango de Fiesta en el Calendario Romano General.
c) El anuncio resucitado: no sólo información, sino misión
El anuncio de María Magdalena no es únicamente “un dato”: es el fruto de un encuentro personal en el que el Resucitado la llama por su nombre.

Y el contenido de su mensaje es cristológicamente decisivo: ya no dice “lo han quitado”, sino que puede anunciar que Cristo vive y transmite la misión que Cristo le encomienda: “ve a mis hermanos…” y “he visto al Señor”.
Juan Pablo II resalta precisamente esta transición: María pasa de búsqueda dolorosa a proclamación del Resucitado, y ese acto corona lo que la Iglesia reconoce sobre el modo en que Dios confía la verdad divina tanto a mujeres como a hombres.
4) Qué significa todo esto teológicamente (más allá de lo anecdótico)

La Resurrección inaugura un nuevo orden del tiempo: el “primer día” es comienzo de nueva creación, con horizonte de eternidad.
Los signos producen fe, pero la fe madura necesita luz: el ver y creer iniciales conviven con la ignorancia todavía incompleta de la Escritura.
Dios obra y conduce: en la tumba vacía no se trata de un “accidente” sin sentido; el relato muestra un camino pedagógico del corazón hacia el reconocimiento de Cristo vivo.

El anuncio pascual tiene testigos concretos: María Magdalena no es un personaje periférico; es presentada como primera testigo, primera evangelizadora y modelo de fidelidad que pasa del duelo a la misión.
