Cante la Fe, dance la Esperanza, salte de gozo la Caridad… (Urbano IV, 1264)


Corpus o Corpus Christi hacen referencia a uno de los hitos cristológicos más celebrados del calendario litúrgico de la Iglesia católica, la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, donde se celebra de manera solemne, en los templos, y de forma vistosa y devota, por calles y plazas.






Preparando los altares
En nuestra parroquia «San Pablo» se vivió con alegría esta celebración, el pasado jueves 19 de junio.
Fiesta cristológica de gran raigambre popular, desde sus orígenes en el siglo XIII hasta nuestros días ha visto pasar etapas donde se alternaron espectacularidad y sobriedad, ostentación y decadencia, bullicio y recogimiento, pasión y apatía.




El recuerdo en la cultura de pueblos que en el fondo significan lo mismo:
La popular sentencia que decía:
Tres jueves hay en el año
que relucen más que el sol:
Jueves Santo, Corpus Christi
y día de la Ascensión.
Los orígenes de la celebración del Corpus Christi parecen remontarse a los primeros siglos del segundo milenio y hay que situarlos en el contexto de las heterodoxias y polémicas religiosas que se produjeron entonces. En esa época, aparecieron pensadores como Berengario de Tours (s. XI), que negaban la presencia real de Cristo en la Eucaristía, al tiempo que se promovieron algunos ritos eucarísticos, como el uso de tabernáculos.




En 1262 ante el mismo Urbano IV, hizo que el Pontífice, estimulado por estos nuevos acontecimientos y consciente de combatir eficazmente la herejía de Berengario, decidiera establecer la fiesta del Santísimo Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo (Corpus Christi), fijando en su Bula Transiturus de hoc mundum (8 de septiembre de 1264) la fecha de su celebración el primer jueves después de la Octava de Pentecostés, con mandato a toda la Iglesia universal para que se rindiera homenaje especial al Santísimo Sacramento del Altar.



En 1377, el Sumo Pontífice, Juan XXII, añadiría a la celebración su elemento más característico: una procesión con la Sagrada Forma paseada triunfalmente por las calles y plazas de villas y ciudades. El Corpus, a partir de entonces, se extendió como una llamarada por toda Europa.



La Sagrada Forma se llevaba en principio cubierta dentro de relicarios, cálices o custodias cerrados o velados, pero pronto se pasaría a los bellísimos ostensorios y a las majestuosas Custodias procesionales que hoy día podemos admirar en muchos lugares.
