“Y Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida“ (Jn 8, 12).
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz.
Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz “día”, y a la oscuridad la llamó “noche”. Y atardeció y amaneció: día primero» (Gn 1, 1-5).
Este texto nos recuerda que Dios nos ha dado la luz para disipar las tinieblas que son símbolo del mal y de la muerte.
La luz es todo un símbolo de la vida, la alegría, la paz, la seguridad,… La luz es esencial para la vida y Jesús resucitado ha llenado de su luz resplandeciente el universo.




