La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret, para quien la Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres.


La hermosa advocación de Nuestra Señora de Belén en nuestra parroquia San Pablo es signo de este amor que, cada vez purificándose de concepciones erróneas, resplandece ante propios y peregrinos.




