Ante una multitud de seis mil seminaristas y novicias en Roma, en julio pasado (22 de septiembre de 2013), el papa Francisco explicó: Convertirse en cura o en monja no es una decisión que dependa enteramente de uno. No confío en un seminarista o en una novicia que dice yo elijo este camino. No me gusta. No va. Esto es la respuesta a un llamado, a un llamado de amor. Es algo que se siente adentro. Algo que me inquieta y…

… yo respondo ¡sí!.

Caminado por las salas de alguna casa encontré este poema le tome la foto y aquí esta.

 

¿Por qué me hice cura?

Monseñor Jorge Monastoque Valero

No fue porque no supiera
Era porque lo sabía
Que fui joven y soy hombre
Y capaz como cualquiera
Y aquel día
En que yo lo decidía
Entendí lo que yo era
Entendí lo que yo hacía
Renunciaba yo al amor,
Con alegría
Verdad
Por algo muy superior
Que amor era y el mejor:
Renunciaba
La humana paternidad
Y escogía
La soledad
No quise llegar a casa
Y gritar:
“Jorge, Lucía”,
Y sentir brotar el día
En los rostros de azucena
De unos hijos que al besar
A su padre, a la serena
Luz de la tarde muriente
Todo lo hacen olvidar
Con un beso puro y niño
Impreso sobre la frente
De sobra me lo sabía
Que cuando a viejo llegara
Y el aldabón de mi puerta
Golpeara,
Nadie me contestaría.
En el viejo caserón
En do los que son,
Sería un extraño viajero
Desolado pregonero
Recargado en su bastón
Nadie a mi encuentro saldría
La espantosa soledad
Me espantaría
Y el pobre pan familiar,
Como yo no tengo hogar,
Solo me lo comería.
Me lo sabía de memoria,
Y era verdad.
Soledad para la vida
Y en la muerte: ¡Soledad!
Un cura es siempre
Una historia incomprendida.
El que cura fue y pastor
Los sepulcros visitaba.
Mil oraciones decía
Misas de “Requiem” cantaba,
Todas las tumbas quería.
Era un padre. Era el amor.
Cuando muerto y lo enterraron
Si algunas almas lloraron
Fueron pocas.
Las demás,
Para siempre lo olvidaron
Oh dolor, dolor, dolor!
No hay tumba más desolada
Que esa tumba
Ni un recuerdo, ni una flor.
De todos abandonada
Solo el vidrio de la helada,
Cardos, espinas, frialdad,
Derruida y entregada
A su propia soledad.
No fue porque no supiera
Era porque lo sabía
Era porque al pobre amor
De la tierra, lo vencía
Otro amor muy superior.
Era un amor que me haría
Padre de las almas: ¡Cura!
Pastor del rebaño: guía;
Confesor de pecadores.
Levadura
La sal, la luz de la tierra.
Redentor, engendrador
De hijos de Dios e hijos míos.
Luz para todo el que yerra.
Para el huérfano: el amor.
Para los pobres: el pan
De toda amargura, antena.
De madre fiel corazón
Que llora con tanta pena,
De padre, la protección.
Y aunque el dolor me taladre,
Conseguir, sí, que las almas
Me llamen, en coro: ¡Padre!
Y en Cristo los ojos fijos
Y mustios
Los labios por el anhelo
Con los hijos de mis hijos
Y los nietos de mis nietos
De santos llenar el cielo
Y, morir como muriera
El que conquistó mi amor.
Porque en cruz y abandonado
Muere todo redentor
No fue porque no supiera
Era porque lo sabía
No por buscar un honor
Y huir de la vida dura;
Por amor, yo me hice cura,
Por amor
Quien haga de mi memoria
Diga que yo decía
Que ser cura fue mi gloria
Y al ser heraldo de amor
Y el ser de la clerecía
De Cristo Nuestro Señor.
¡No fue porque no supiera,
Era porque lo sabía!

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