Las procesiones tienen su origen en el deseo de la población cristiana de imitar la pasión de Cristo. El Vía Crucis no es otra cosa que una simulación de lo que los peregrinos hacían en la Vía Santa o Vía Dolorosa de Jerusalén: acompañar a Cristo con la cruz.


En el contexto de la Semana Santa, las procesiones configuran una tradición fundamental desde el lunes santo, marte santo, miércoles santo, el Jueves Santo y Viernes Santo, pues desde la Edad Media se realizaban en las iglesias como parte de las representaciones de la Pasión. Tales escenificaciones se fueron transformando paulatinamente y sustituyendo a los actores como se hacían en un primer momento por imágenes hechas en diferentes materiales.


