Desde el núcleo mismo de la reflexión conciliar volvemos a proponer a nuestras jurisdicciones que comiencen por renovarse en su identidad más profunda. La Iglesia es simultáneamente MISTERIO, COMUNIÓN Y MISIÓN y cada una de las Iglesias Particulares debe asegurarse de ser y de expresar esta realidad. (PROCESO EVANGELIZADOR DE LA IGLESIA PARTICULAR)
Para llegar a serlo, tomamos como punto de partida la búsqueda de una vivencia cada vez más concreta y activa, consciente, plena y realista de la «espiritualidad de comunión».21 La comunión en la Iglesia no puede seguir siendo solamente un ideal que se añora sin alcanzarse y que se pone entre los bienes que solo llegarán en la parusía, ni puede quedarse como un capítulo más o menos estudiado de los libros de Teología. Debe llegar a ser, por los caminos de una evangelización a fondo, la experiencia viva y operante de una existencia moldeada a imagen de la Trinidad Santísima por la gracia, ya desde ahora.
Una de las formas de vida comunitaria que más requiere atención hoy en día para que un sea signo que evangelice al mundo es la comunidad de los sacerdotes diocesanos, o presbiterio, en la cual puede trabajarse mucho todavía por la unidad de criterios y de acción pastoral y para que los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia resplandezcan en la alegría de su ministerio y en su caridad pastoral.

Imagen de Nuestra Señora de Belén Salazar de las Palmas
Sea la Inmaculada Virgen María en esta tierra y parroquia de «San Pablo» bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén, quien nos ayude a ver el misterio como Ella lo contempló y a conservarlo en nuestro corazón según su ejemplo. Que los santos misioneros y evangelizadores de todos los tiempos nos ayuden en la tarea de ser y de hacer verdaderos discípulos misioneros.




