Un arciprestazgo es una agrupación de ciertas parroquias cercanas dentro de una diócesis, para facilitar la cura pastoral a través de una actividad común. Además esta figura o grupo peculiar, como lo califica el Código de Derecho Canónico, sirve de enlace perfecto entre el Obispado con cada una de las parroquias y sus respectivos sacerdotes.
Nuestro arciprestazgo esta conformado recordemos por las parroquias de:
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San Pablo (Salazar)
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Santísima Trinidad (Arboledas)
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Inmaculada Concepción (Cucutilla)
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San José (San José de la Montaña, Cucutilla)
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Espíritu Santo (Salazar, La Laguna)
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Nuestra Señora de los Remedios (Villa Sucre, Arboledas)
La figura de Arcipreste hunde sus raíces en los siglos V y VI como delegado del Obispo para las comunidades que vivían en el mundo rural.

Por diferentes rutas se regresó a las parroquias para seguir la misión encomendada. Los que regresamos por la vía de municipio de «Los Patios», entramos visitar a un hermano sacerdote de nuestra arquidiócesis, quien nos regaló, esta bonita disertación:
«Ayer 20 tuve una sorpresa, que me alegró mucho: la visita de tres sacerdotes, muy queridos:
— monseñor Ernesto Mendoza, cura párroco de Salazar.
–padre Gildardo Valderrama, vicario de Salazar.
— padre Luis Antonio Cárdenas Molina,
a cargo de la Cuasi parroquia de la Laguna de Salazar.
Fue una visita muy agradable y hablamos de un retazo de la historia de la Arquidiócesis de Pamplona, iniciando por aquellos tiempos del padre Inocencio Rozo, que recorría toda la Diócesis, a pie o en volqueta, para prestar los servicios de confesor y hablar de su famoso CIPO, Corporación educativa del ahorro, promoviendo una educación del campo para el campo: el campesino no tiene por qué irse a las ciudades, perdiendo su idiosincrasia de los valores campesinos.
También hablamos un poco de aquellos hermosos lugares de la Laguna y Salazar, bañado por hermosas fuentes de agua y protegido providencialmente por la Virgen María (la hermosa Ojona), que el pueblo quiere tanto y ha recibido múltiples auxilios de la Madre de Dios.
Así se nos fue el tiempo y concluimos con un café y probando los pasteles de la vecindad.
Doy gracias a Dios por la hermandad sacerdotal, y sigo orando por los frutos de mi querida Arquidiócesis…» (Pbro. Rafael María Mesa Acevedo. )


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