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15 marzo La Lectio Divina de Juan 9, 1-41 – copia

Juan 9, 1-41
1.Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.
2.Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»
3.Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.
4.Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
5.Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.»
6.Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego
7.y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.
8.Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?»
9.Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.»
10.Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?»
11.El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: «Vete a Siloé y lávate.» Yo fui, me lavé y vi.»
12.Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.»
13.Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego.
14.Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
15.Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
16.Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos.
17.Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.»
18.No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista
19.y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?»
20.Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.
21.Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.»
22.Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga.
23.Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»
24.Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
25.Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.»
26.Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?»
27.El replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?»
28.Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés.
29.Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.»
30.El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos.
31.Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha.
32.Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
33.Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
34.Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera.
35.Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?»
36.El respondió: «¿Y quién es, Señor, ¿para que crea en él?»
37.Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.»
38.El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
39.Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.»
40.Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?»
41.Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: «Vemos» vuestro pecado permanece.»

La Lectio Divina

15 de marzo de 2026 Letio divina Juan 9, 1-41

Esta Lectio Divina sobre el pasaje de la curación del ciego de nacimiento (Juan 9, 1-41) busca guiarle a través de los pasos tradicionales de este ejercicio espiritual:

lectura, meditación, oración y contemplación, para que la Palabra de Dios transforme nuestra visión de la realidad.

  1. Lectio (Lectura): ¿Qué dice el texto?

Comience leyendo detenidamente el capítulo 9 del Evangelio según San Juan. El relato se divide en varias escenas clave:

  • El encuentro y el signo (vv. 1-7):Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento. Ante la pregunta de los discípulos sobre quién pecó, Jesús aclara que la ceguera no es fruto del pecado, sino una oportunidad para que se manifiesten las obras de Dios. Jesús usa barro y saliva, y envía al hombre a lavarse en la piscina de Siloé.
  • Los interrogantes de los vecinos (vv. 8-12):El hombre regresa viendo, lo que genera confusión y asombro entre quienes lo conocían como mendigo.
  • El primer interrogatorio de los fariseos (vv. 13-17):Los fariseos se dividen porque el milagro ocurrió en sábado. El hombre afirma que Jesús es un profeta.
  • El interrogatorio a los padres (vv. 18-23):Por miedo a ser expulsados de la sinagoga, los padres confirman la identidad de su hijo, pero evitan explicar el milagro.
  • El segundo interrogatorio y la expulsión (vv. 24-34):Los fariseos presionan al hombre para que llame pecador a Jesús. Él responde con lógica espiritual: «Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada». Finalmente, lo expulsan.
  • El encuentro final y la fe (vv. 35-41):Jesús busca al hombre expulsado. El hombre confiesa su fe: «Creo, Señor», y lo adora. Jesús concluye advirtiendo sobre la verdadera ceguera: la de aquellos que creen ver, pero permanecen en el pecado.
  1. Meditatio (Meditación): ¿Qué nos dice el texto?

En este paso, deje que la Palabra le interpele personalmente. Considere los siguientes puntos:

  • La iniciativa de Jesús:Jesús es quien «ve» al ciego mientras camina. Él es la «Luz del mundo» que sale al encuentro de nuestra oscuridad.
  • El proceso de iluminación:El ciego pasa de ver a Jesús como «un hombre» (v. 11), a un «profeta» (v. 17), y finalmente al «Hijo del Hombre» y «Señor» (vv. 35-38). ¿Cómo ha ido creciendo su propia percepción de Jesús?
  • La ceguera espiritual:Santo Tomás de Aquino señala que los fariseos, a pesar de ver los milagros, permanecieron ciegos por su malicia y orgullo. El texto nos advierte que decir «vemos» sin reconocer nuestra necesidad de Cristo nos mantiene en el pecado.
  • El costo del testimonio:El hombre curado es expulsado por defender la verdad.A veces, seguir a Cristo implica incomprensión o rechazo por parte de estructuras sociales o religiosas que se cierran a la novedad de Dios.
  1. Oratio (Oración): ¿Qué le decimos al Señor?

Responda a Dios basándose en lo meditado. Puede usar estas intenciones:

  • Petición:«Señor, abre mis ojos para que pueda verte en mi vida cotidiana y en los hermanos que sufren».
  • Arrepentimiento:«Perdóname por las veces que, creyendo tener la verdad absoluta, me he vuelto ciego ante tu gracia y he juzgado a los demás».
  • Acción de gracias:«Gracias, Señor, porque no me juzgas por mis limitaciones, sino que las usas como un lienzo para manifestar tus obras».
  • Fortaleza:«Dame el valor del ciego para dar testimonio de tu obra en mí, incluso cuando enfrente críticas o aislamiento».
  1. Contemplatio (Contemplación): ¿Cómo cambia nuestra visión?
  • En este momento de silencio, trate de ver la realidad como Dios la ve.
  • Descanse en la presencia de Jesús, la Luz del mundo.
  • Sienta el barro en sus ojos y el agua fresca de Siloé.
  • Reconozca que toda su vida es una oportunidad para que «las obras de Dios se manifiesten».
  • Asuma la actitud del hombre curado: una fe sencilla que se postra ante el Señor en adoración.
  1. Actio (Acción): ¿A qué nos compromete?

La Lectio Divina no termina hasta que se traduce en vida.

  • Discernimiento:Identifique una «ceguera» o prejuicio en su vida y pida la gracia de ver a esa persona o situación con los ojos de Cristo.
  • Testimonio:Comparta con alguien esta semana una «obra de Dios» que haya experimentado en su propia vida, sin miedo al juicio ajeno.
  • Servicio:Busque a alguien que viva en la «oscuridad» (soledad, duda o necesidad) y sea para esa persona un reflejo de la luz de Jesús.

 

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