Con el término «peregrinaciones» nos referimos no sólo a los grandes movimientos religiosos que tienen como meta un santuario como el nuestro de Nuestra Señora de Belén en Salazar de las Palmas, sino también a los cortejos y procesiones que, de una forma u otra, se alimentan de la piedad popular.
Es cierto que no siempre se confunden unas y otras y que, la mayor parte de las veces, coexisten estas formas de ritualidad, no sólo en el cristianismo, sino también en otras religiones; pero si unas y otras las integramos en la misma reflexión, es porque pensamos que, en definitiva, las procesiones no son más que el resultado y ampliación de las peregrinaciones o las procesiones la parte ritualizada de aquéllas.




Antes de las inevitables preguntas a cerca del cómo y en qué condiciones habría que realizar hoy estos ritos para que tengan un mínimo de eficacia, está la pregunta fundamental: ¿Por qué las procesiones y las peregrinaciones? ¿En qué motivación o instancia hunden sus raíces estas prácticas? ¿Qué es lo que las hace no sólo aceptables, sino plausibles?


A estos interrogantes de fondo pretendemos responder, tratando de ofrecer no sólo su dimensión pastoral, sino también aproximarnos a su intrincada problemática antropológica, bíblica y litúrgica. Con ello esperamos ofrecer en este Año Jubilar cargado de estos rituales – peregrinaciones a Roma, a Tierra Santa y a Salazar de las Palmas; peregrinaciones a los santuarios de la Virgen, elementos que nos ayuden a darle densidad a estos actos de religiosidad popular y, al mismo tiempo, nos posibilite tender puentes entre estas tradiciones heredadas del pasado y el hombre de hoy.
Sin duda, en medio del creciente secularismo y la modernidad, la tecnología y la electrónica, la exploración del espacio y las autopistas de la información, el hombre se siente cada vez más perdido y busca echar raíces en el suelo firme y estable de lo sagrado. Ver pasar los rostro de los peregrinos en el jubileo de las muchas parroquias orientado por la voz del pastor enviado por Dios a las comunidades como sacerdote párroco Heimer Alfonso Pabón Orduz dela parroquia San Agustín de la Vega.
También nos acompañó grupo de la parroquia de Santo Niño de Ragonvalia.



