Enseñar liturgia a los niños dentro del templo no consiste únicamente en explicar objetos o normas. Se trata de ayudarles a encontrarse con Jesucristo, comprender los signos sagrados y participar con fe, respeto y alegría. La formación breve, concreta, progresiva y vinculada a la celebración real.
“Crecer no sólo en edad, sino también en sabiduría y gracia” y conocer cada vez mejor a Jesús es la meta propuesta a los niños.

Criterios fundamentales
El templo es lugar de encuentro con Dios
Conviene comenzar explicando que la iglesia no es simplemente un salón, un museo o un lugar donde se realizan actividades. Es la casa de la comunidad cristiana, donde se proclama la Palabra, se celebran los sacramentos y se adora a Jesucristo, especialmente en el Santísimo Sacramento.

La explicación se llevo a una actitud concreta:
• Entrar en silencio y con respeto.
• Saludar al Señor haciendo la genuflexión o una inclinación reverente, según corresponda.
• Caminar sin correr.
• Escuchar cuando se proclama la Palabra.

• Evitar conversaciones y distracciones.
• Participar en los cantos, respuestas y gestos.
• Cuidar los bancos, imágenes, libros y demás elementos sagrados.
• No se debe presentar el silencio como una simple prohibición. Hay que enseñar que el silencio nos permite escuchar a Dios.
La liturgia se aprende participando
La liturgia utiliza palabras, gestos, colores, objetos, música y momentos de silencio. Estos signos hacen accesibles realidades invisibles y permiten que la comunidad celebre la salvación de Cristo mediante acciones perceptibles.

Propuesta de recorrido por el templo
La puerta y la pila de agua bendita
En la entrada se puede explicar:
La puerta recuerda que entramos en la comunidad reunida por Cristo.
El agua bendita recuerda el Bautismo.
Al santiguarnos confesamos la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Una pregunta sencilla puede ser:
“¿Qué sacramento nos hizo hijos de Dios y miembros de la Iglesia?”
Después, los niños pueden practicar el signo de la cruz lentamente, pronunciando con claridad las palabras.
El altar
El altar ocupa un lugar central porque en él se celebra la Eucaristía. Puede explicarse a los niños que es:
La mesa de la Cena del Señor.
El lugar donde se hace presente sacramentalmente el sacrificio de Cristo.
El centro de la celebración eucarística.
Es importante evitar expresiones que reduzcan el altar a una mesa común. La Eucaristía hace presente sacramentalmente el sacrificio redentor de Cristo y pone a la Iglesia en contacto real con ese misterio.
El ambón
El ambón es el lugar destinado a la proclamación de la Palabra de Dios. Se puede decir:

“Desde aquí Dios nos habla; por eso escuchamos con atención y respondemos con fe.”
Hay que enseñar la diferencia entre leer un texto y proclamar la Palabra. El lector no actúa como un simple expositor, sino como servidor de la comunidad.
La sede
La sede es el lugar desde donde el sacerdote preside la celebración. Se puede explicar que el sacerdote preside en nombre de Cristo y sirve a la comunidad, pero sin dar la impresión de que la Misa pertenece al sacerdote.
Conviene enseñar a los niños que durante la celebración cada persona tiene una función:

• El sacerdote preside y actúa sacramentalmente en la persona de Cristo.
• El diácono proclama el Evangelio y presta otros servicios.
• Los lectores proclaman las lecturas.
• Los acólitos ayudan en el altar.
• El coro favorece el canto de la asamblea.
• Toda la comunidad participa mediante la escucha, las respuestas, los cantos, los gestos y la oración.
• La participación activa no significa hacer muchas cosas, sino unirse interior y exteriormente a la acción sagrada.

El sagrario.
Ante el sagrario debe explicarse con especial delicadeza que allí se conserva el Santísimo Sacramento. Por eso, se guarda silencio y se realiza la genuflexión cuando corresponde.
No se debe obligar a los niños a realizar gestos que aún no comprenden. Primero se les forma, luego se les acompaña para que los hagan con fe.
Las imágenes sagradas.
Este punto es especialmente importante en la catequesis de los niños, porque permite distinguir:
• Adoración: sólo corresponde a Dios.
• Veneración: se tributa a los santos.
• Veneración especial a la Virgen María: por su singular relación con Cristo y su misión en la historia de la salvación.
• Las imágenes y devociones populares deben conducir a la Escritura, a la liturgia y a la enseñanza de la Iglesia, sin sustituir la celebración litúrgica ni mezclarse confusamente con ella.

