Un laico en la pastoral de la salud parroquial debe actuar desde su bautismo y su vocación propia, con una actitud de presencia compasiva y esperanzadora, en comunión con el párroco y con una formación que le permita cuidar la dimensión espiritual y moral de las personas enfermas, sin sustituir el papel específico del ministerio ordenado.

Identidad laical y actitud espiritual: “presencia” que cura.

Primero, oración y formación ANTES de ir a la pastoral de la salud.

La Iglesia enseña que el servicio a los enfermos no puede quedar “encargado” solo a especialistas: la comunidad entera debe hacerse “una presencia” que acompañe a quien sufre “en el cuerpo y en la mente”.

En esa línea, el laico:

  • participa en la misión de la Iglesia por su bautismo, llamado a participar activamente en la vida y misión eclesial, también en el ámbito de la salud.

  • asume que la pastoral de la salud es integral, abarca lo físico, psicológico, social y espiritual; por eso el enfermo no es solo “un caso”, sino una persona con dignidad y destino eterno.

  • cultiva una “presencia amorosa y sanadora, portadora de esperanza”, y desarrolla el “arte relacional” (saber interceder, tejer relaciones que abran camino a una respuesta de sanación).

  • sostiene el acompañamiento espiritual: escucha, acompañar ante la impotencia, el dolor y el extrañamiento, y ayudar a reconocer y responder a la voluntad de Dios con alegría y paz.

Colaboración eclesial: sin confundir carismas, ministerios y autoridad
El laico colabora, pero sin reemplazar las funciones propias del sacerdote/párroco. La documentación distingue claramente la diferencia esencial entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común.

Por eso, en la pastoral parroquial de la salud, el laico debe:

  • trabajar en plena comunión con el clero y con la dirección pastoral indicada (p. ej., cuando la atención parroquial se confía por falta de sacerdotes, el laico participa “en el ejercicio de la cura pastoral”, coordinado y guiado por un el sacerdote).

  • respetar la terminología y los límites del encargo recibido, para que sea “evidente la identidad del compromiso” de cada fiel.

  • mantener relaciones cordiales y cooperativas con el personal de la pastoral, porque la atención sacramental al enfermo suele darse con frecuencia a nivel parroquial antes y después de la hospitalización.

Tareas concretas: cómo se ve la pastoral de la salud en la parroquia:

En la parroquia pueden existir encargos estables para los laicos, como (por ejemplo) quienes visitan a los enfermos y quienes trabajan en servicios de caridad u otros centros de escucha/consulta.

Además, si están preparados y según las normas del derecho canónico y la diócesis, pueden ser nombrados como ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, asistiendo al personal pastoral (por ejemplo: visitas de apoyo, informar/disponer sobre la disponibilidad del sacerdote para la Penitencia y distribuir la Comunión a quienes la soliciten).

También se recuerda que las parroquias deben estimular grupos de apostolado y voluntariado para ayudar a los enfermos, de modo que la comunidad cristiana haga presente el amor cristiano en una sociedad cada vez más secularizada (en sus derechos como ciudadanos).

Integridad moral y doctrina: el “por qué” y el “cómo” del servicio
El cuidado auténtico debe respetar la dignidad humana y la esperanza que la fe ofrece: sin negar la dimensión espiritual, la pastoral de la salud debe actuar con conciencia formada y en coherencia con la enseñanza de la Iglesia.

En particular, se subraya:

  • la defensa de la cultura de la vida como prioridad pastoral cuando la vida está amenazada, actuando con una conciencia correctamente formada según la enseñanza de la Iglesia.

  • la necesidad de actuar en comunión con los obispos; donde haya políticas institucionales (p. ej., hospitales), se exige que reflejen con claridad los valores del Evangelio.

  • evitar una “neutralidad” en materia espiritual: la preocupación pastoral no puede convertirse en manipulación de conciencias ni en falta de respeto a la libertad del enfermo.

  • Formación y estilo de servicio: cercanía, discreción y actualización. La Iglesia insiste en que este servicio requiere preparación: no solo en lo humano, sino en lo pastoral y espiritual, y con actualización formativa.

Además:

se recomienda que los pastores den al laicado la formación adecuada para cumplir sus tareas (los pastores deben instruirlos para sus cometidos propios).
se valora que el laico sea “imagen viva” de Cristo y de la Iglesia en el amor hacia los enfermos y sufrientes, no solo con atención física, sino también buscando una curación espiritual “en cuanto sea posible”.

El laico en la pastoral de la salud parroquial de San Pablo, debe ser presencia compasiva y esperanzadora, actuar como colaborador en comunión con el párroco y el obispo, asumir encargos según su estado (p. ej., visita y acompañamiento, y eventualmente ministerios litúrgicos permitidos), y hacerlo con formación y con coherencia moral y espiritual conforme a la Iglesia, respetando siempre los límites propios del ministerio ordenado.

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