La expresión “Iglesia en salida a las comunidades eclesiales misioneras” señala que la misión no se reduce a “hacer cosas”, sino que la Iglesia sale llevando a Cristo, y lo hace creando comunidades capaces de vivir la fe como un estilo de relación: caminar juntas, discernir y servir.

Un punto decisivo es que incluso realidades aparentemente “retiradas” (como la vida monástica) pueden ser profundamente misioneras, porque la misión nace de la forma de ser y de vivir las relaciones.
Iglesia en salida: misión como “modo de ser” y vida de relaciones
Esto se conecta con la idea de que el camino de santificación no es meramente personal, sino con dimensión comunitaria: el anuncio de la liberación pascual se concreta en el servicio fraterno, reflejo del amor universal de Cristo.

Comunidades eclesiales misioneras: sinodalidad y “caminar juntos”
La noción de “comunidades” no es una etiqueta sociológica: implica un modo de vivir la Iglesia. La Iglesia presenta la sinodalidad como práctica concreta: se traduce en “caminar juntos”, la escucha recíproca y el discernimiento comunitario bajo la guía del Espíritu Santo, además de la comunión con la Iglesia local.
Con esto, la “salida” misionera puede tener rostros distintos: a veces es ir físicamente; otras veces es “salir” espiritualmente mediante la oración intercesora, la unidad con la Iglesia y el sostén de la misión desde el corazón.

Formación permanente: para sostener la misión en el tiempo
Para que una comunidad sea verdaderamente misionera, se subraya la necesidad de formación permanente: conocer el amor de Cristo que supera el conocimiento y capacitar la vida de bautizados para servir cada vez mejor a la parroquia a su CEM a su familia y a la Iglesia y al mundo.
Además, indica que la formación no es tarea individual suelta, sino “sujeto activo” de toda la comunidad mediante oración, Palabra, celebraciones, y toma de decisiones vividas en diálogo y actualización, bajo el primado de la caridad.

Caminar juntos: fortalecer escucha recíproca y discernimiento comunitario, para que las decisiones nazcan de la comunión y la guía del Espíritu.

Mantener la misión sostenida por formación permanente, en un crecimiento común hacia la capacidad de “dar” (no solo conservar).
La misma jornada se realizó en CEM en «El Páramo». Pero no se recibieron registros fotográficos de la actividad evangelizadora.