Los sacerdotes incardinados en una arquidiócesis no están limitados a una misión restringida a su ámbito local, sino que participan de la misión universal de salvación confiada por Cristo a los Apóstoles, que se extiende «hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).

Nuestro arzobispo, Monseñor Jorge Alberto Ossa Soto, visitó los pasados días a nuestros sacerdotes en Argentina para ese acompañamiento como pastor a su clero en esta misión de la cual están aprendiendo de nuevas comunidades y a la que se invita a sumarse a muchos más sacerdotes. Felicitaciones.

Esta vocación misionera ad gentes (hacia los pueblos) es inherente al sacramento del Orden, obligándolos a tener a corazón el cuidado de todas las Iglesias y a estar disponibles para el servicio en territorios de misión, especialmente donde hay escasez de clero.

Enseñanza del Concilio Vaticano II

El Decreto Presbyterorum Ordinis (PO), n. 10, es el texto fundacional que define esta dimensión universal del sacerdocio diocesano:

El don espiritual que los presbíteros reciben en la ordenación no los prepara para una misión limitada y restringida, sino para la misión universal y amplísima de salvación «hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8), pues cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles.

Este principio implica que los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis de Nueva Pamplona con vocaciones, como muchas arquidiócesis, deben voluntariamente ofrecerse para trabajar en regiones, misiones o actividades con déficit de clero en nuestro caso uno de esos lugares es Argentina.

El Concilio propone reformas en la incardinación y excardinación para facilitar esta movilidad, como seminarios internacionales o prelaturas personales, siempre respetando la autoridad de los obispos.

Además, enfatiza enviar sacerdotes en grupos para apoyo mutuo, adaptándose a lenguas, costumbres y contextos culturales, al estilo de san Pablo.

Magisterio Pontificio Posterior

Sucesivos Papas han reforzado esta doctrina, aplicándola directamente a la misión ad gentes. San Juan Pablo II, en Pastores Dabo Vobis (PDV), n. 32, subraya que la pertenencia a una Iglesia particular no restringe la vida presbiteral:

La vida espiritual del sacerdote debe estar profundamente marcada por un celo y dinamismo misionero. […] Todos los sacerdotes deben tener el ánimo y el corazón de los misioneros, abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo, preocupados por los más lejanos y especialmente por los grupos no cristianos de su propia zona.

En Redemptoris Missio (RM), n. 67, se detalla el rol de los presbíteros diocesanos como cooperadores de los obispos en la misión universal:

Todos los sacerdotes deben tener el ánimo y el corazón de misioneros […] especialmente en aquellas zonas donde los cristianos son minoría, los sacerdotes deben estar llenos de un celo misionero especial y compromiso. El Señor les confía no sólo el cuidado pastoral de la comunidad cristiana, sino sobre todo la evangelización de sus conciudadanos que no pertenecen al rebaño de Cristo.

El Decreto Ad Gentes (mencionado en varios textos) complementa esto al enumerar deberes misioneros de presbíteros, Iglesia universal y comunidades locales.

Implicaciones Prácticas y Llamado Actual

En la práctica, los sacerdotes de nuestra arquidiócesis deben:

• Formarse en espíritu católico universal, trascendiendo límites diocesanos, nacionales o culturales.
• Disponerse a ser enviados más allá de sus fronteras por el Espíritu Santo y el obispo, con madurez vocacional y adaptabilidad.
• Formar comunidades misioneras en sus parroquias, orando por la humanidad entera en la Eucaristía.
• Colaborar en la desigual distribución clerical, priorizando misiones ad gentes.
• Esta enseñanza permanece vigente, alineada con el llamado constante de la Iglesia a la nueva evangelización y misión en periferias existenciales.

En resumen, la misión ad gentes no es opcional para sacerdotes diocesanos de arquidiócesis: es esencial a su ordenación, demandando generosidad misionera para el bien de toda la Iglesia.

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