Que los niños pudieran tener parte activa en la misión que Jesús había encomendado a cada bautizado. Su deseo hecho realidad era: “Que los niños ayuden a los niños”.

Un ejemplo, porque también fue niño, fue la infancia de San Isidro Labrador estuvo marcada por su vocación temprana a la vida laboral como labrador. A los 10 años ya trabajaba en la finca familiar. Durante su niñez y juventud, se caracterizó por su dedicación al trabajo, su fe y su espíritu generoso hacia los demás.

Una oración diaria de cada niño por las necesidades de otros niños, unida a las acciones en barrios y en las Comunidades Eclesiales Misioneras (CEM) destinada a la solidaridad con otros niños menos favorecidos.

Cada acción marcan el fortalecimiento de una experiencia visionaria y novedosa en la vida de la Iglesia de niños y adolescentes.

También fue niño Isidro Labrador y la iglesia hoy haciendo eco al documento de Santo Domingo, N. 176:
Promover un cambio de mentalidad sobre el valor de la tierra desde la cosmovisión cristiana, que enlaza con las tradiciones culturales de los sectores pobres y campesinos.
Recordar a los fieles laicos que han de influir en las políticas agrarias de los gobiernos (sobre todo en las de modernización) y en las organizaciones de campesinos e indígenas, para lograr formas justas, más comunitarias y participativas en el uso de la tierra.

Los niños son considerados sujetos protagonistas de la evangelización, corresponsables de la salvación y del bienestar de otros niños.

 

Por la sencillez de su propuesta tal vez uno no imagina nunca que la semilla lanzada entre los niños de la Parroquia de «San Pablo» se convertiría en un frondoso árbol que ofrecería solaz y refugio a tantos niños en las familias de donde han surgido ellos y como obra pontificia en intima unión con todos los niños del mundo entero.

Consagración de Niños Jóvenes Misioneros ante Dios y la Iglesia

La familias orgullosas y comprometidas

Se comenzó a constituir así una espiritualidad y una pedagogía de comunión misionera infantil que tiene como finalidad forjar en niños y adolescentes una sólida identidad misionera que los lleve a “ser amigos de Jesús y hacer amigos para Jesús”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *