Los antiguos Padres de la Iglesia, meditando la palabra de Dios, no dudaron en afirmar que Cristo fue, al mismo tiempo, la víctima, el sacerdote y el altar de su propio sacrificio.

En efecto, la carta a los Hebreos presenta a Cristo como el sumo Sacerdote y, al mismo tiempo, como el Altar vivo del templo celestial. Y en el Apocalipsis aparece nuestro Redentor como el Cordero degollado, cuya oblación es llevada hasta el altar del cielo por manos del Ángel de Dios.

El jueves 22 de junio se consagró el altar y se bendijo la capilla nueva de la Casa de Encuentros Nazaret. El altar es signo de Cristo.

Gratitud expresada por el Señor Arzobispo, Jorge Alberto Ossa, a toda la comunidad que hizo posible, por la gracia y para la gloria de Dios, esta obra muy hermosa que abre sus puertas para la obra misional.

 

 

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