El periodo de Cuaresma propicia la práctica piadosa del rezo del Vía Crucis. Es una manera muy fructífera de prepararse, día tras día, al encuentro con el Señor en la trágica y gloriosa Semana Santa.

El Vía Crucis es memoria, pero también contemplación del rostro doliente del Señor. Al rezarlo, recordamos con amor y agradecimiento lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos del pecado.

Al recorrer con la Iglesia cada uno de estos misterios dolorosos, sentimos que el dolor es un gran misterio.

«Si uno viese desde lejos su patria y estuviese separada por el mar, vería adónde ir, pero no tendría medios para llegar. Así es para nosotros… Anhelamos la meta, pero está de por medio el mar de este siglo… Ahora, sin embargo, para que tuviésemos también el medio para ir, ha venido de allá aquel a quien nosotros queremos llegar… y nos ha proporcionado el navío para atravesar el mar. Nadie puede atravesar el mar de este siglo, si no le lleva la Cruz de Cristo… No abandonar la Cruz, ella te llevará».
Estas palabras de san Agustín, tomadas del Comentario al Evangelio de san Juan (cf. 2, 2), nos introducen en la oración del Vía Crucis.

Los precedentes del VíaCrucis datan de los primeros siglos del cristianismo, de la piadosa compasión con que los cristianos veneraban los pasos de la Vía Dolorosa. Esta veneración se vio impulsada a partir de la paz otorgada a la Iglesia por Constantino, que multiplicó las peregrinaciones a los Santos Lugares. La española Silvia Eteria, que peregrinó a Tierra Santa en el siglo IV, hace una de las primeras descripciones de este ejercicio piadoso de los cristianos de Jerusalén en su Peregrinatio, en el que recoge cómo se recorría durante la Semana Santa el camino del Calvario.

Con motivo de las Cruzadas se manifestó aún más la devoción hacia los lugares en que se había realizado algún episodio de la Pasión de Cristo. No se contentaron los cruzados con haber venerado esos mismos lugares, sino que trajeron a sus respectivos países la idea de realizar algo parecido a lo que habían visto y obrado en Jerusalén. De ahí que se erigiesen en muchas partes “calvarios” , luego VíaCrucis, con los que los fieles manifestaban su fervor, agradecimiento y amor a la Pasión de Cristo, oraban y meditaban en ella.

En todo caso, fue la Orden Franciscana, guardiana de los Santos Lugares desde el siglo XIV, la que, fiel al espíritu de su fundador, propagó esta devoción, tarea en la que destacó especialmente San Leonardo de Porto Maurizio, que erigió en Italia más de 570 VíaCrucis.

Posteriormente, fue el propio papado quien impulsó esta devota práctica. Ejemplos de ello son: el Papa Inocencio XI, que concedió, en 1686, a los franciscanos el derecho de erigir estaciones en sus iglesias y declaró que las indulgencias obtenidas por visitar los lugares de la Pasión del Señor en Tierra Santa las podían, en adelante, ganar haciendo el VíaCrucis en sus propias iglesias; o el papa Benedicto XIII, que extendió las indulgencias, en 1726, a todos los fieles. Cabe destacar que, el Viernes Santo de 1991.

Juan Pablo II creó un nuevo VíaCrucis con 15 Estaciones basadas, todas ellas, en momentos del Nuevo Testamento, ya que el primigenio se basa en pasajes recogidos de la Tradición Cristiana:

Estaciones del Viacrucis:

Primera estación: Jesús en el Huerto de los Olivos. (Mc 14, 32-36)

Segunda Estación: Jesús es traicionado por Judas y arrestado. (Mc 14,43-46)

Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín.(Mc 14, 55, 60-62,64)

Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro. (Mc. 14, 66-72)

Quinta Estación: Jesús es juzgado por Pilato. (Lc 23, 1-4,23-24)

Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas. (Mt. 27, 26-30)

Séptima Estación: Jesús carga con la cruz. (Jn 19, 16-17)

Octava Estación: Jesús es ayudado por el Cireneo. (Mc 15,21)

Novena Estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén. (Lc 23, 27-28)

Décima Estación: Jesús es crucificado. (Mc 15, 24-26)

Décima Primera Estación: Jesús promete su Reino al buen ladrón. (Lc 23, 39-43)

Décima Segunda Estación: Jesús crucificado, la Madre y el Discípulo. (Jn 19, 26-27)

Décima Tercera Estación: Jesús muere en la cruz. (Lc 23, 44-46)

Décima Cuarta Estación: Jesús es depositado en el sepulcro. ( Jn 19,41-42)

Décimo Quinta Estación: Jesús resucita al tercer día. (Jn 20,1)

 

 

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