Te invito a que fijes tus ojos en los de la Virgen, y establezcas el diálogo al que ella te invita con la indicación que te hace con la mano izquierda.

Para interpretar el lenguaje de la imagen, también es muy importante fijarse en la mano, que nos conduce a Jesús, abrazando el tesoro mas importante. A la Virgen que se muestra con este gesto, se la denomina Hodigitria, la que abraza, muestra el Camino.

Observa las estrellas dibujadas sobre el manto: una en la cabeza, otra en el hombro izquierdo, y la del lado derecho, ocupada por el Niño Jesús. Esto es símbolo de la plenitud de gracia. María, la llena de gracia, la amada de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El amor de Dios es abierto, trinitario, no encierra, ni secuestra, es misionero, siempre envía y sugiere formas de entrega, hasta el extremo de dar la vida por amor.

La luz que despide el cuadro de Nuestra Señora de Belén, es revelación de la gloria divina, todo el campo queda transfigurado por el resplandor de quien es la Luz del mundo, el Sol que nace de lo alto.

A lo largo de la historia 354 años en estas tierras de Salazar de las Palmas , en nuestra parroquia «San Pablo», muchas personas que han contemplado este hermoso cuadro, y lo han venerado con fe y amor, han recibido el don de la oración continua, el saberse siempre mirados con ternura a través de los ojos maternos de María, que nos lleva a Jesús.

La ternura expresada en esta imagen nos lleva a La Ternura de Dios, una vocación de fortaleza

 

El conocido relato del Buen Samaritano que la Iglesia nos ofrece en la liturgia de este domingo nos habla de la ternura de Dios, que es uno de los sentimientos más fuertes que expresa el Señor con su corazón amante. Sí, Dios se conmueve por nosotros, tal como lo hizo el Samaritano por el hombre herido en medio del camino.

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