…y dramatizado en el lavatorio de los pies.

1) La Eucaristía:

En la Última Cena, Cristo instituye un memorial vivo: no es un gesto simbólico vacío, sino la orden de ofrecer en la memoria sacramental su Cuerpo y su Sangre entregados.

Juan Pablo II subraya que, antes de la Cruz, el Hijo ofrece su vida sacramentalmente, cuando entrega el Pan y el Cáliz

2) Sacerdocio:

La Eucaristía y el ministerio ordenado nacen “en el mismo momento”

El Jueves Santo no solo mira a un rito: también revela que Cristo da a los Apóstoles una participación ministerial en su sacerdocio. En el mismo acto de instituir la Eucaristía, Él “da a los Apóstoles una participación como ministros en su sacerdocio” y los hace responsables de servir este misterio para el futuro de la Iglesia.

En continuidad con la enseñanza conciliar, Pío XI recuerda que en la Última Cena Cristo instituyó “el sacrificio y el sacerdocio de la Nueva Alianza”, confiando a los Apóstoles (hechos sacerdotes) y a sus sucesores el encargo del memorial.

Además, se nota en la reflexión teológica que existe un vínculo estrecho entre el poder de los ministros ordenados y la acción eucarística: la obra principal del sacerdote se entiende como la consagración y la celebración del sacrificio eucarístico.

3) Mandamiento nuevo del amor y lavatorio de los pies

La misma noche, Cristo une el misterio eucarístico con un gesto de servicio humilde. Juan Pablo II explica que, después del lavatorio, Jesús interpreta su gesto con una exigencia concreta.

El rito del lavatorio tiene un doble sentido: imitar lo que Cristo hizo en el Cenáculo y expresar la entrega de sí significada por el servicio.

A la vez, el mandamiento del amor fraterno obliga a todos los discípulos sin excepción.

Y “lavar los pies” puede entenderse no solo de modo físico, sino también espiritualmente: por ejemplo, perdonando (removiendo “manchas” morales) y también mediante la oración; en el caso de los obispos y sacerdotes, incluso incluye el perdón sacramental por el poder de las llaves.

Finalmente, la Iglesia cuida que el gesto del lavatorio sea verdaderamente significativo, evitando que se convierta en algo automático o que robe toda la atención de lo esencial en la Misa de la Cena del Señor, que conmemora la institución de la Eucaristía, del Orden sacerdotal y del mandamiento nuevo.

En el Jueves Santo, Cristo entrega la Eucaristía como memorial de su Pascua, constituye el sacerdocio ministerial para que el sacrificio eucarístico continúe, y revela el amor hasta el fin que se hace visible en el servicio del lavatorio; así, la comunión con Dios desemboca en comunión concreta con los hermanos.

El grupo de adoradores del Santísimo crece por el llamado al compromiso de estar en esa actitud orante ante Cristo sacramento eucarístico. Una dama se consagra y su hija le coloca la medalla de adoradora del Santísimo.

La procesión claustral recorre este corto trecho, pero que significa nuestro peregrinar con Jesús Eucaristía, y se deja en el altar «Monumento» para la adoración y la realización de horas santas durante la noche y en la mañana del Viernes.

 

En nuestra parroquia San Pablo, cinco (5) lugares hicieron el altar del monumento donde Jesús Eucaristía permaneció para su adoración:

  1. En el templo San Pablo.

  1. La capilla Nuestra Señora de Belén,
  2. Capilla Niña María,
  3. Capilla del Hospital
  4. Capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y
  5. Templo de San pablo.

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