En liturgia el cuidado de los vasos y objetos sagrados
El Cuidado de los Vasos y Objetos Sagrados en la Liturgia
En la liturgia católica, el cuidado de los vasos sagrados (como cálices, patenas, copones y ciborios) y otros objetos sagrados (incluyendo vestiduras, corporales y vasos para óleos) es esencial para honrar la presencia real de Cristo en la Eucaristía.


La Iglesia exige materiales nobles, bendición previa, limpieza meticulosa, purificación ritual después de su uso y un respeto general que fomente la reverencia y la belleza, evitando cualquier práctica que degrade su dignidad.

1. Materiales Nobles y Dignidad
Los vasos sagrados deben fabricarse con materiales nobles y duraderos, conforme a la tradición litúrgica y las normas de los libros litúrgicos.


Se prohíben explícitamente los vasos comunes, de baja calidad, sin mérito artístico o hechos de vidrio, barro, arcilla u otros materiales frágiles que se rompan fácilmente o se deterioren.

«Los vasos sagrados para contener el Cuerpo y la Sangre del Señor deben hacerse en estricta conformidad con las normas de la tradición y de los libros litúrgicos. […] Se reprueba, por tanto, cualquier práctica de usar para la celebración de la Misa vasos comunes, o de poca calidad, o carentes de todo mérito artístico o que sean simples recipientes, así como otros vasos de cristal, de loza, de arcilla u otros materiales que se rompan fácilmente.»

Las Conferencias Episcopales pueden permitir otros materiales sólidos, siempre que sean nobles en la estimación común de la región, para evitar cualquier riesgo de disminuir la doctrina de la Presencia Real.
Esto se extiende a los vasos que «ocupan un lugar de honor», que deben ser apropiados y conformes a la Instrucción General del Misal Romano (n. 327-332). La belleza y la armonía de estos objetos fortalecen la devoción y manifiestan la unidad de la fe.


2. Bendición de los Vasos Sagrados
Antes de su uso, los vasos deben ser bendecidos por un sacerdote según los ritos de los libros litúrgicos. Es laudable que lo haga el Obispo diocesano, quien evaluará si son dignos.
«Antes de ser usados, los vasos sagrados han de ser bendecidos por un Sacerdote según los ritos establecidos en los libros litúrgicos. Es laudable que la bendición sea dada por el Obispo diocesano, quien juzgará si los vasos son dignos del uso al que están destinados.»
Este rito subraya su carácter sagrado y los destina exclusivamente al servicio eucarístico.
3. Limpieza, Mantenimiento y Almacenamiento
La Iglesia insiste en mantener los vasos y objetos limpios y ordenados, prohibiendo su ensuciamiento o el almacenamiento de objetos profanos en las iglesias, que deben ser «basílicas de Dios» y no casas laicas.
San Francisco de Asís exigía a sus frailes el máximo respeto y veneración para cálices, vasos y lienzos eucarísticos.
Históricamente, desde el siglo IV, se usaban materiales como cristal, oro o plata para vasos de óleos sagrados, guardados en lugares seguros para evitar profanaciones.

Hoy, los vasos para óleos (marcados con S.C. para crisma, O.S. para óleo de los catecúmenos y O.I. para óleo de los enfermos) siguen reglas similares de dignidad y protección.


4. Purificación Después del Uso
Tras la Comunión, la purificación corresponde al sacerdote, diácono o acólito instituido. El sacerdote purifica la patena sobre el cáliz, luego el cáliz, secándolo con el purificador. Si hay varios vasos, pueden dejarse cubiertos en un corporal sobre el altar o mesa de credencia hasta después de la Misa.


«El Sacerdote, una vez ha vuelto al altar después de la distribución de la Comunión, de pie en el altar o en la mesa de credencia, purifica la patena o el copón sobre el cáliz, luego purifica el cáliz conforme a las prescripciones del Misal y seca el cáliz con el purificador.”
Un acólito instituido asiste en esta tarea, llevando los vasos a la credencia si es necesario. Esto asegura que no queden restos de las Especies Santísimas sin tratar reverentemente.








