Las comunidades tienen un riesgo de separar su experiencia de fe entre le viernes santo y la vigilia de resurrección.
Nuestras comunidades eclesiales misioneras (CEM) progresivamente se remiten a la frase de San Pablo en 1 Corintios 15:14-17 :
«14.Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.
20.¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron».
Esta es la experiencia de fe de nuestra parroquia «San Pablo», en el…
…viernes santo y domingo de resurrección.
Partiendo del hecho de que toda reflexión cristiana sobre las verdades de la fe debe aunar la interpretación de la verdad con la fidelidad a la misma.

«Resucitó al tercer día». Es la gran afirmación de nuestra fe. Esta fe en Cristo Resucitado nace apoyada en el testimonio de los Apóstoles, testigos oculares del Señor Resucitado, a quien vieron, escucharon y tocaron, con quien se encontraron personalmente.

Y que quiere decir que resucitó sino que estaba muerto. Las personas del pueblo gritaban: “¡Que muera!, ¡mátenlo!”.


La esperanza de la vida eterna: «Si a los cristianos no les consta con certeza el contenido de las palabras «vida eterna», entonces se desvanecen las promesas del Evangelio y el significado de la creación y la redención, e incluso la vida terrena queda desposeída de toda esperanza».
Ese es justamente el peligro que se ve cernirse hoy: «Se discute de hecho la existencia del alma y el significado de la vida después de la muerte, preguntándose qué sucede entre la muerte del cristiano y la resurrección universal. Todo ello desconcierta a los creyentes, porque no encuentra ya su modo de hablar acostumbrado v los conceptos que les son familiares».



Las «verdades fundamentales de la fe» pertenecen a todos los creyentes, constituyendo el contenido concreto de la unidad de la Iglesia, el lenguaje fundamental de la fe no puede ser un lenguaje de especialistas.
En cuanto ciencia, la teología precisa de ese argot técnico; en cuanto interpretación, intentará continuamente retraducir sus contenidos.
Pero tanto lo uno como lo otro está referido al lenguaje fundamental de la fe, que sólo se puede seguir desarrollando en la tranquila continuidad de la Iglesia orante, sin tolerar rupturas repentinas.


Dos afirmaciones que se pueden ver en dos puntos esenciales:
1. La resurrección de los muertos, que profesamos en el Credo, abarca a todo el hombre; para los elegidos no es sino «la extensión a todos los hombres de la resurrección de Cristo».






2. Respecto al estado «intermedio» entre la muerte y la resurrección, la Iglesia mantiene «la continuidad y la existencia autónoma después de la muerte del elemento espiritual del hombre, dotado de conciencia y voluntad, de forma que el «yo humano» subsiste. Para designar a este elemento, la Iglesia emplea la expresión ‘alma»‘.
El escrito es consciente de los diversos significados de esta palabra en la Biblia, pero constata que no hay razón seria para rechazarla, considerándola como «el instrumento verbal absolutamente necesario para mantener la fe de la Iglesia». Por tanto se incluye la palabra «alma», en cuanto soporte de un aspecto básico de la esperanza cristiana, en el lenguaje fundamental de la fe, que es irrenunciable para la comunión en la realidad creída y por tanto no queda al albedrío del teólogo.



El hecho de la Resurrección está necesariamente en la base de la fe. El hecho y el testimonio acerca de él cimentan toda posterior consideración teológica.


¡¡¡ Resucito!!! Aleluya, aleluya, aleluya. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya, aleluya.












