El sacramento del orden del diaconado y del presbiterado se celebra siempre dentro de la misa, cuando termina la liturgia de la Palabra, y antes de la eucaristía.

Entre los símbolos y gestos que se realizaron en esta ceremonia, primero tuvo lugar la llamada y presentación. “Una vez proclamado el Evangelio, los candidatos al diaconado son llamados y presentados ante el obispo, sentado en la cátedra”, subraya. Un sacerdote, en este caso el rector del Seminario, en nombre de la Iglesia local, pide al prelado que los ordene, “y el obispo le pregunta si son dignos y los acepta”. Ese mismo gesto se realizará con el candidato al sacerdocio.

Otra parte destacada son las promesas que manifiestan los candidatos, que muestran su voluntad de desempeñar su ministerio con fidelidad, y prometen obediencia al obispo y sucesores. Y por intercesión de los santos, “se suplica la gracia de Dios para los candidatos”. Todos ellos se postraron en el suelo, “en actitud de profunda oración”, y los demás se arrodillan.

 

 

 

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