Las primeras horas del día en nuestra parroquia San Pablo, estuvieron marcadas por un espíritu de duelo, que prolonga el ambiente de silencio y meditación de la víspera.









Son horas de espera en las que los católicos recuerdan que Jesús fue colocado en el sepulcro y después “descendió a los infiernos”.





De verdad son horas de espera, de una precepción de soledad. La Madre de Dios, María, acompaña a sus hijos en este trance, en el que Dios parece ausente.



La Virgen permanece firme al lado de la tumba de su Hijo, fortaleciendo la fe, la confianza y la esperanza de todos sus hijos.

El caminar pausado como el día en que ese amor de la familia partió en la lentitud que da el respeto al duelo del corazón: «una espada te destrozara el corazón»


A la tristeza y esperanza de la virgen María, queremos también unir la tristeza y la esperanza de las familias que han perdido a sus seres queridos, que pasan por situaciones difíciles, y por el sufrimiento en el mundo entero.
No podemos ser ajenos al dolor humano. Unidos a esta oración, le pedimos a María que interceda, además, por nosotros, nuestras familias que reposan en el campo santo, nuestros amigos y personas que marcaron la historia de nuestra comunidad y los anónimos del mundo pero tan hijos de Dios como todos.



